viernes, 16 de mayo de 2014

No os dejéis robar la esperanza

Rescatamos el comunicado de las XIX Jornadas de Pastoral Obrera “No os dejéis robar la esperanza”, publicado el pasado mes de noviembre. Contiene reflexiones sobre la situación que vivimos y que todos, como cristianos, no debemos dejar pasar por alto:

Bajo el lema “No os dejéis robar la esperanza” se han celebrado, en Ávila, los días 16 y 17 de noviembre, las decimonovenas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, que organiza el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real, con asistencia de delegaciones y secretariados diocesanos de pastoral obrera de 40 diócesis, y participación de los Movimientos Apostólicos Obreros. Hemos contado con la presencia y las palabras de ánimo de Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.
Constatamos que el desempleo, las condiciones indignas de trabajo, y la falta de esperanza asociada a esta larga crisis, generan precariedad y vulnerabilidad no solo laboral, sino precariedad vital. Nuestra sociedad es una sociedad fracturada, que genera exclusión, que deshumaniza, porque ha puesto al dinero en el centro de la vida económica, social y política. Nuestra sociedad ha olvidado que la persona es siempre lo primero, y que sólo el servicio al bien común de toda la persona y de todas las personas legitima la acción política y el dinamismo económico.[1] Y constatamos que esta situación es fruto de la acción interesada de poderes financieros, económicos y políticos, cuya acción inhumana hemos de seguir denunciando, por ser contraria al Evangelio.

miércoles, 7 de mayo de 2014

El obispo Algora denuncia el actual modelo de empleo

En una carta pastoral emitida con motivo del Primero de Mayo, el actual responsable de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española realiza un llamamiento al compromiso de los cristianos a luchar por un trabajo digno.

Os dejamos el texto íntegro:

Desde sus comienzos la Doctrina Social de la Iglesia ha fundamentado la dignidad de toda persona en la condición de hijos e hijas de Dios, y ha proclamado la necesidad de poner en práctica el principio evangélico que invita a la acción: “os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). El primero de mayo, fiesta de San José Obrero y fiesta cristiana del trabajo, supone para los trabajadores que profesan la fe la ocasión de recordar y agradecer, también, esas luchas por la dignidad y la justicia de todos aquellos que han hecho de su vida un compromiso en favor de la dignidad del trabajo humano, que se han esforzado por reconocer en él la dignidad de los trabajadores y trabajadoras que lo realizan.

En cada hombre y mujer que diariamente se esfuerza en realizar su trabajo, con el que contribuye a realizar la voluntad creadora y salvífica del Padre, contemplamos el sagrado reflejo de Dios que quiso encarnarse en Jesús de Nazaret para mostrarnos el verdadero camino de humanización y liberación que nos dirige y acerca hacia el Reino de la Paz y la Justicia, hacia el Reino de la Vida y del Amor.

Por eso, cualquier ataque a la dignidad del trabajo humano es, intrínsecamente, un ataque a la dignidad de los hombres y mujeres que lo realizan, y por ello una negación de Dios. El desempleo, la precariedad laboral, el subempleo, la economía sumergida, las condiciones de explotación o de inseguridad e insalubridad laboral, el trabajo infantil, la discriminación laboral por razones de sexo o raza, la injusticia de los salarios y otras condiciones laborales, todo ello son heridas a la dignidad humana que se clavan en las personas de los trabajadores, y que repercute gravemente en sus condiciones de vida, y en las de sus familias, deshumanizando su existencia. Cuando la vida social –también el trabajo- pone en el centro al dinero, y no a la persona, negamos la primacía del ser humano sobre las cosas, negamos la primacía de Dios (Evangelii Gaudium 55). La manera de concebir hoy el trabajo humano genera pobreza y exclusión y deshumaniza a los trabajadores.